alcoholismo

Una historia de alcoholismo

Ramón (nombre ficticio) era fontanero. Venía de una familia normal, humilde, trabajadora. Aprendió el arte de las tuberías y trabajó con Fulanito y Menganito hasta establecerse por su cuenta. No le iba mal. De hecho, le iba bien. Le pillaron los años buenos de la construcción. No le faltaban proyectos y a menudo tenía gente a su carga. Cogió cierta fama en el mundillo y se ganó la fama de buen profesional.

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¿Te sobran unos kilos? Sobre la historia de la grasa

Hace un tiempo, aquí en la Tierra no existía la vida. El planeta era un caos de aguas cargadas de sales, suelo rico en minerales y erupciones volcánicas liberando aún más compuestos sólidos y gaseosos. Era un entorno lleno de potencial, de nutrientes. Una especie de semilla u óvulo. Desde la perspectiva oriental, diríamos que tenía mucha energía yin.

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Sobre la dependencia al alcohol: ¡Dame un motivo para dejar de beber!

“Es que no estoy seguro de querer dejar de beber”. Esta expresión y similares las oímos a menudo en consulta. Parece sorprendente cuando se está fuera de las adicciones, pero es así. En realidad, mucha gente no quiere o no tiene mucho interés en dejar de beber alcohol, y llegan a la terapia empujados por pareja, hijos, padres u otras terceras personas.

¿Por qué no querría alguien dejar el alcoholismo? En esencia, porque no tiene motivos. Es decir, porque no es consciente de todo lo que implica, o le da igual, o su dependencia es tan fuerte que prefiere afrontar todos los inconvenientes.

¿Hace falta revisar las consecuencias de abusar del alcohol? Es bueno hacerlo de vez en cuando. Si es tu caso, si no estás muy convencido de querer dejar la bebida, o de por qué deberías hacerlo, lee los siguientes puntos.

  • Mejora tu salud. Es lo más evidente. Todo el mundo sabe que el alcohol perjudica al hígado. Pero también hace bastante daño a los riñones y al corazón; y al páncreas por la alteración continua del mecanismo glucosa-insulina. Afecta al sistema nervioso y provoca potencialmente mucho y muy variado daño orgánico, incluidos algunos tipos de cáncer. Además, si tomas alguna medicación, es posible que interaccione de manera desagradable.
  • Mejora tu figura. El alcohol se almacena en forma de grasa. 1 gramo de alcohol aporta 7 calorías, lo que significa que un vaso de vino promedio puede darnos unas 150 calorías. Cuatro vasos de vino serían una ingesta calórica aproximada a comerse una tableta entera de chocolate. Peor aún: no sólo se trata de las calorías que aporta, sino que el alcohol interfiere en el metabolismo de las grasas y los carbohidratos haciendo que la comida nos engorde más.
  • Mejora tu economía. Hazte con un bolígrafo y un pequeño bloc de bolsillo. Durante un mes, anota sin hacer trampas lo que pagas por bebidas alcóholicas en el súper y lo que pagas en los bares y otros establecimientos. Al cabo de 30 días haz la suma total. A ver qué pasa. Y cuando veas la cifra, recuerda que esa es la cantidad que has invertido este mes en dañarte la salud y la vida.
  • Mejora tus relaciones. A pesar de que tradicionalmente asociemos el alcohol con fiestas, pasarlo bien, amigos y risas, lo cierto es que los alcóholicos no lo tienen fácil para establecer o conservar relaciones humanas. Nadie quiere a un jefe alcóholico, mucho menos a un empleado bebedor. Ni a un padre o una pareja. Son percibidos como personas inestables, de poco fiar, malos gestores del dinero, sin palabra, y problemáticos en general. Por cierto, el alcohol es un pésimo aliado de las relaciones sexuales y del deporte. Jugar un partido o hacer un esfuerzo físico el día siguiente a una noche de copas, aumenta enormemente el riesgo de sufrir una rotura de fibras.
  • Mejora tu mente. Todo el mundo parece tener claro que no quiere experimentar el deterioro cognitivo, la pérdida de las facultades mentales. El alcohol sabotea el funcionamiento del cerebro, y lo daña de una manera que puede ser permanente. El bebedor crónico va perdiendo memoria, capacidad de raciocinio, creatividad y otras habilidades del sistema nervioso, como la orientación espacio-temporal, la velocidad de reflejos o la coordinación ojo-mano. Dicho crudamente, beber nos hace tontos.
  • Mejora tu energía más esencial. Tener el organismo expuesto a alcohol es tan perjudicial que no sólo reduce tu esperanza de vida y tu estado general, sino que afecta incluso a tu capacidad para engendrar o gestar embriones sanos. El esperma, que se fabrica continuamente, es sensible a las condiciones actuales del cuerpo. Si tu semen se produce en condiciones de mucha toxicidad en el cuerpo, será más probable que tus hijos tengan problemas. Si se está buscando un embarazo, es seriamente necesario dejar de beber e incluso someterse a un proceso de detoxificación.
  • Mejora tu autoestima. Tan integrado como está el alcohol en nuestro estilo de vida y celebraciones, está integrado el desprecio por quien bebe en exceso o a modo de adicción. Los bebedores suelen estar, en lo profundo de su psique, hundidos, con sensación de culpa y autocensurándose. Véncete a ti mismo, haz lo que parece difícil, y verás que sales de las brumas fortalecido, animado y renovado, con fuerza para cualquier otro reto.

Lo más interesante es que esto son sólo motivos generales e impersonales. Imagina cómo se refleja en tu vida cada uno de estos puntos. Léelo pensando en tus circunstancias, en las personas y situaciones que son tu realidad. Asimila qué significaría de verdad para ti, para tu caso personalísimo, dejar de beber alcohol. Seguro que tienes todas estas razones… y muchas más.

Piensa también que si bebes, es por algo. Algo estás obteniendo del hecho de beber, algo ganas a cambio de tantas consecuencias negativas. Hay un motivo profundo por el que hacemos lo que hacemos, y los hábitos son difíciles de cambiar si no cambia nuestra esencia. Por eso es importante recibir ayuda y orientación profesional, si quieres que el resultado sea eficaz y duradero.

no consigo adelgazar

Por qué no consigo adelgazar: Las 7 principales razones

Tener un poco de sobrepeso, unos “kilos de más”, en general no tiene mucha importancia y suele deberse a una combinación imperfecta de dieta y actividad física, y la edad también influye. A medida que cumplimos décadas los mecanismos metabólicos pierden potencia y es más fácil que acumulemos un poco de grasa, y nos cueste cada vez más adelgazar.

Pero cuando el sobrepeso va más allá y se trata de una clara obesidad, es diferente. No son unos “kilos de más” sino un evidente exceso, que además es muy resistente a las dietas y el deporte: hagamos lo que hagamos no conseguimos adelgazar, o recuperamos lo perdido (o más) en cuanto nos descuidamos.

Cuando ocurre esto, hay un vacío espiritual que tratamos de llenar o disimular con comida. A menos que arreglemos el problema en nuestra mente, no habrá forma humana de perder peso de manera duradera. Aunque nuestra voluntad esté diciendo “pierde peso, come menos”, nuestro inconsciente estará diciendo “acumula más, protégete con una capa de grasa”.

Un tratamiento holístico frente a la obesidad constará de un estudio dietético y de actividad física, pero también de una exploración psico-emocional que detecte por qué somos obesos, y unas pautas para cambiar esta condición.

Cuando esto ocurre, cuando la persona realmente hace clic y algo cambia en su interior, comienza a adelgazar sin esfuerzo, casi como por arte de magia. Si sigue una dieta o va al gimnasio, lo hará sin esfuerzo. Ya no será un sacrificio porque, por primera vez, todas las facetas de su mente irán en la misma dirección.

Comer compulsivamente o en exceso es una manera de mantener controlada la ansiedad, sea cual sea el origen de esta ansiedad. Funciona de la siguiente manera:

  1. Por tradición social, comer es una forma de sentirnos bien. Celebramos las cosas con banquetes, nos premiamos con algún bocado sabroso y superamos una ruptura con helado de chocolate. Culturalmente tenemos una clara asociación entre comer y tener buen ánimo.
  2. A nuestro cerebro reptiliano le gusta comer, siempre. En otros tiempos no comíamos cuando queríamos, sino cuando podíamos. Los resortes de supervivencia más primitivos nos dicen, sin ninguna duda, que comamos. Mucho y siempre que se pueda. Por si acaso.
  3. Hoy día comemos muy pocas cosas naturales. Desde sustancias “poco naturales” como la harina o el azúcar refinados, a sustancias altamente innaturales como las grasas trans o el aspartamo. Muchas de estas materias tienen la capacidad de actuar como una droga, provocando fuertes e inmediatas reacciones químicas positivas en el cerebro. No sólo nos sentimos bien por asociación cultural, sino que algunos consumibles son capaces de hacernos sentir bien realmente. De manera momentánea, claro, y generando dependencia.
  4. En algunos casos, el sobrepeso funciona como método de autocastigo, al igual que morderse las uñas. Si nos reprochamos algo con intensidad y creemos que debemos ser castigados, es posible que optemos inconscientemente por degradar nuestra imagen. Hay mucha presión sobre la imagen y la belleza y tener un cuerpo que no encaje en lo que se considera como aceptable, funciona como flagelo.
  5. A veces comemos porque no sabemos lo que queremos. Neuronalmente, la señal del hambre y la de la sed son tan parecidas que las podemos confundir. Podemos creer que tenemos hambre cuando lo que el cuerpo nos está pidiendo es agua.
  6. Además, puede que tengamos un déficit. Quizá nos falte vitamina K o manganeso o tal vez metionina. Los intestinos y el cerebro colaboran para hacernos sentir hambre, en un intento de paliar el déficit. En estos casos, si el instinto nos funciona bien tendremos apetencias concretas que serán ricas en aquello que nos falta. Pero si no acertamos o comemos lo que tengamos más a mano, el hambre no terminará de desaparecer. Resulta irónico, pero es mucho más común de lo que pensamos que seamos obesos y, al mismo tiempo, estemos mal nutridos.
  7. Los estados emocionales exigen tributo. A la ansiedad y la obsesión les gusta el dulce. El picante va bien contra la tristeza y las emociones cronificadas. Si estamos en una época de mucha presión o bajo amenaza, puede nos apetezcan encurtidos, frutos secos y snacks salados.

¿Es tu caso? ¿Recuperas lo que adelgazas? ¿Llegas a un tope del que no consigues bajar? ¿No consigues adherirte a la dieta o el plan de ejercicio? Recuerda los pasos a seguir en un tratamiento integral. Mens sana in corpore sano. Detectar y reformular heridas emocionales. Hacer descender los niveles de ansiedad. Reeducarnos a la hora de comer (es distinto de hacer dieta). Incrementar nuestra actividad física en función de nuestras posibilidades personales.

Siguiendo estos pasos con la ayuda de un coach o terapeuta estaremos en el camino de cambiar. Cambiar nosotros como persona, cambiar nuestro sentir y nuestro reaccionar. El cuerpo cambiará a continuación en consonancia. Para llegar a resultados nuevos, tendremos que hacer lo que nunca hemos hecho.

como controlar la ansiedad

Cómo controlar la ansiedad

Dice un dicho budista:

De donde tu cabeza te ha metido, tu cabeza no te va a sacar.

Significa que si nuestra mente ha generado ansiedad como respuesta a las situaciones que vivimos, y además un comportamiento dañino para mantener bajo control esa ansiedad, difícilmente esa misma psique va a dar una respuesta diferente sin ayuda externa. Esto hay que tenerlo en cuenta si queremos saber cómo controlar la ansiedad.

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