no consigo adelgazar

Por qué no consigo adelgazar: Las 7 principales razones

Tener un poco de sobrepeso, unos “kilos de más”, en general no tiene mucha importancia y suele deberse a una combinación imperfecta de dieta y actividad física, y la edad también influye. A medida que cumplimos décadas los mecanismos metabólicos pierden potencia y es más fácil que acumulemos un poco de grasa, y nos cueste cada vez más adelgazar.

Pero cuando el sobrepeso va más allá y se trata de una clara obesidad, es diferente. No son unos “kilos de más” sino un evidente exceso, que además es muy resistente a las dietas y el deporte: hagamos lo que hagamos no conseguimos adelgazar, o recuperamos lo perdido (o más) en cuanto nos descuidamos.

Cuando ocurre esto, hay un vacío espiritual que tratamos de llenar o disimular con comida. A menos que arreglemos el problema en nuestra mente, no habrá forma humana de perder peso de manera duradera. Aunque nuestra voluntad esté diciendo “pierde peso, come menos”, nuestro inconsciente estará diciendo “acumula más, protégete con una capa de grasa”.

Un tratamiento holístico frente a la obesidad constará de un estudio dietético y de actividad física, pero también de una exploración psico-emocional que detecte por qué somos obesos, y unas pautas para cambiar esta condición.

Cuando esto ocurre, cuando la persona realmente hace clic y algo cambia en su interior, comienza a adelgazar sin esfuerzo, casi como por arte de magia. Si sigue una dieta o va al gimnasio, lo hará sin esfuerzo. Ya no será un sacrificio porque, por primera vez, todas las facetas de su mente irán en la misma dirección.

Comer compulsivamente o en exceso es una manera de mantener controlada la ansiedad, sea cual sea el origen de esta ansiedad. Funciona de la siguiente manera:

  1. Por tradición social, comer es una forma de sentirnos bien. Celebramos las cosas con banquetes, nos premiamos con algún bocado sabroso y superamos una ruptura con helado de chocolate. Culturalmente tenemos una clara asociación entre comer y tener buen ánimo.
  2. A nuestro cerebro reptiliano le gusta comer, siempre. En otros tiempos no comíamos cuando queríamos, sino cuando podíamos. Los resortes de supervivencia más primitivos nos dicen, sin ninguna duda, que comamos. Mucho y siempre que se pueda. Por si acaso.
  3. Hoy día comemos muy pocas cosas naturales. Desde sustancias “poco naturales” como la harina o el azúcar refinados, a sustancias altamente innaturales como las grasas trans o el aspartamo. Muchas de estas materias tienen la capacidad de actuar como una droga, provocando fuertes e inmediatas reacciones químicas positivas en el cerebro. No sólo nos sentimos bien por asociación cultural, sino que algunos consumibles son capaces de hacernos sentir bien realmente. De manera momentánea, claro, y generando dependencia.
  4. En algunos casos, el sobrepeso funciona como método de autocastigo, al igual que morderse las uñas. Si nos reprochamos algo con intensidad y creemos que debemos ser castigados, es posible que optemos inconscientemente por degradar nuestra imagen. Hay mucha presión sobre la imagen y la belleza y tener un cuerpo que no encaje en lo que se considera como aceptable, funciona como flagelo.
  5. A veces comemos porque no sabemos lo que queremos. Neuronalmente, la señal del hambre y la de la sed son tan parecidas que las podemos confundir. Podemos creer que tenemos hambre cuando lo que el cuerpo nos está pidiendo es agua.
  6. Además, puede que tengamos un déficit. Quizá nos falte vitamina K o manganeso o tal vez metionina. Los intestinos y el cerebro colaboran para hacernos sentir hambre, en un intento de paliar el déficit. En estos casos, si el instinto nos funciona bien tendremos apetencias concretas que serán ricas en aquello que nos falta. Pero si no acertamos o comemos lo que tengamos más a mano, el hambre no terminará de desaparecer. Resulta irónico, pero es mucho más común de lo que pensamos que seamos obesos y, al mismo tiempo, estemos mal nutridos.
  7. Los estados emocionales exigen tributo. A la ansiedad y la obsesión les gusta el dulce. El picante va bien contra la tristeza y las emociones cronificadas. Si estamos en una época de mucha presión o bajo amenaza, puede nos apetezcan encurtidos, frutos secos y snacks salados.

¿Es tu caso? ¿Recuperas lo que adelgazas? ¿Llegas a un tope del que no consigues bajar? ¿No consigues adherirte a la dieta o el plan de ejercicio? Recuerda los pasos a seguir en un tratamiento integral. Mens sana in corpore sano. Detectar y reformular heridas emocionales. Hacer descender los niveles de ansiedad. Reeducarnos a la hora de comer (es distinto de hacer dieta). Incrementar nuestra actividad física en función de nuestras posibilidades personales.

Siguiendo estos pasos con la ayuda de un coach o terapeuta estaremos en el camino de cambiar. Cambiar nosotros como persona, cambiar nuestro sentir y nuestro reaccionar. El cuerpo cambiará a continuación en consonancia. Para llegar a resultados nuevos, tendremos que hacer lo que nunca hemos hecho.

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Cómo controlar la ansiedad

Dice un dicho budista:

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Significa que si nuestra mente ha generado ansiedad como respuesta a las situaciones que vivimos, y además un comportamiento dañino para mantener bajo control esa ansiedad, difícilmente esa misma psique va a dar una respuesta diferente sin ayuda externa. Esto hay que tenerlo en cuenta si queremos saber cómo controlar la ansiedad.

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La acupuntura es una de las herramientas más populares, conocidas y extendidas de la medicina tradicional china. Pero, ¿es buena la acupuntura para la ansiedad? La respuesta corta es: sí. La respuesta larga, a continuación.

La medicina tradicional china, a diferencia de los enfoques occidentales modernos, no hace una separación entre lo psicológico y lo físico. No hay “enfermedades mentales” como tampoco hay patologías orgánicas separadas de la emoción.

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Ya en la antigüedad, tanto los médicos chinos como los egipcios se dieron cuenta de que podían tratar enfermedades y lesiones de todo tipo actuando en las orejas del paciente. Exploraron y desarrollaron este hallazgo hasta definir mapas muy concretos y saber qué punto del pabellón auricular tenían que tocar para cada cosa. Estos son los comienzos de la auriculoterapia para bajar de peso.

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¿Cómo dejar de fumar?

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Puede que la experiencia que provocó el trauma fuera real, y puede que no. Puede que fuera algo espectacular, o que fuera un proceso interno e invisible. Da igual si los familiares tienen recuerdos muy distintos de los que narra el adicto: el trauma es una experiencia personalísima, indiscutible y real incluso si su origen es pura fantasía.

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