Dejar de beber y acupuntura: un apoyo desde lo pequeño

Hay decisiones que no se anuncian en voz alta. Simplemente llegan.
“Voy a dejar de beber”.

A veces surge después de una mala racha, otras tras años de hábito casi automático. En consulta lo escuchamos con frecuencia, y casi siempre viene acompañado de lo mismo: dudas, cansancio y cierta mezcla de miedo y esperanza.

Porque dejar el alcohol no es solo dejar una sustancia. Es cambiar rutinas, relaciones, momentos del día… y, sobre todo, aprender a gestionar lo que antes se tapaba con una copa.

Cuando el hábito ya no es solo social

En Asturias (y en toda España, realmente), el alcohol forma parte de la vida social. No hace falta irse muy lejos: una sidra, una cerveza, un vino… todo parece bastante normal.

Pero a veces ese consumo se desplaza poco a poco. Pasa de ser algo puntual a convertirse en una especie de “muleta” diaria:

  • para relajarse
  • para dormir
  • para desconectar
  • simplemente por inercia

Según datos del Ministerio de Sanidad, el consumo de alcohol de riesgo sigue siendo una preocupación relevante en España, especialmente en adultos jóvenes y de mediana edad. Puedes echar un vistazo aquí.

Y aunque no todo consumo es problemático, muchas personas sí sienten que han cruzado una línea personal.

Ahí es donde empieza el cambio.

No es sólo fuerza de voluntad

Uno de los errores más comunes es pensar que dejar de beber depende únicamente de “tener fuerza de voluntad”. Quien lo ha intentado sabe que no es tan simple.

El cuerpo también participa:

  • hay hábitos muy arraigados
  • hay respuestas automáticas
  • hay ansiedad o irritabilidad cuando se deja

Y es precisamente en ese punto donde algunas terapias complementarias pueden ayudar.

La acupuntura, y en particular la auriculopuntura, se utiliza desde hace tiempo como apoyo en procesos de deshabituación, incluido el alcohol.

La auriculopuntura como aliada

La auriculopuntura trabaja sobre puntos concretos de la oreja que están relacionados, entre otras cosas, con el sistema nervioso, la ansiedad y el control de impulsos.

En este contexto no se trata de “quitar las ganas de beber mágicamente”, sino de algo más realista: reducir la intensidad del impulso y facilitar el proceso de cambio.

En consulta, muchas personas notan:

  • menos nerviosismo
  • menor ansiedad en momentos clave (tardes, fines de semana…)
  • mejor descanso
  • sensación de mayor control

Además, el hecho de llevar pequeñas semillas o estímulos en la oreja durante varios días permite que el tratamiento tenga un efecto continuo, más allá de la sesión.

Un apoyo dentro de un proceso más amplio

Conviene decirlo sin rodeos: la acupuntura por sí sola no resuelve una adicción. Y tampoco debería plantearse así. Pero sí puede ser una herramienta útil dentro de un enfoque más completo, que incluya:

  • acompañamiento psicológico
  • apoyo familiar o social
  • cambios de hábitos
  • y, en algunos casos, seguimiento médico

De hecho, algunos programas internacionales han utilizado protocolos de auriculopuntura como complemento en centros de tratamiento de adicciones. Un ejemplo conocido es el protocolo NADA (National Acupuncture Detoxification Association), que se ha aplicado en distintos contextos.

No es una solución milagrosa, pero sí un recurso más que puede marcar diferencias.

Volver a habitar el cuerpo

Dejar de beber también tiene algo de reaprendizaje:

  • Volver a sentir sin anestesia.
  • Volver a descansar sin ayuda externa.
  • Volver a gestionar los días difíciles de otra manera.

Y en ese proceso, muchas personas descubren algo importante: el cuerpo no está en contra, está intentando adaptarse.

La acupuntura, en cierto modo, busca eso: darle al cuerpo un pequeño empujón para que recupere su propio equilibrio. Paso a paso, sin grandes promesas. No hay atajos en esto. Ni soluciones rápidas.

Pero sí hay caminos que pueden hacerse más llevaderos.

A veces el primer paso es simplemente reconocer que algo no está funcionando. El segundo, pedir ayuda. Y a partir de ahí, ir sumando herramientas.

La auriculopuntura es una de ellas. Discreta, sencilla, sin grandes artificios. Y en más de una ocasión, suficiente para que ese impulso de beber —que parecía tan automático— empiece, poco a poco, a perder fuerza.

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