La marihuana y las consecuencias de su consumo

Marihuana, cannabis, maría, hierba, tiene muchos nombres. Es la cannabis sativa: la tercera droga más consumida en España si contamos el alcohol y el tabaco, y la reina indiscutible si hablamos sólo de las drogas ilegales.

Es omnipresente. En los bares, en los parques, en los baños de las oficinas y lugares de trabajo, en los patios de colegios y en los jardines de las universidades. Abarca todos los tramos de edad y la consumen ambos géneros. ¿Por qué?

Es una sustancia relativamente barata y fácil de conseguir. Su adquisición es mucho más sencilla que la de otras drogas ilegales, en todos los sentidos. Sin embargo no deja de ser ilegal, por lo que aficionarse a la marihuana suele implicar acercarse al mundo de lo delictivo, lo furtivo y los problemas con la justicia.

Los efectos de la marihuana

Es muy apreciada como droga de recreo ya que sus efectos son suaves y placenteros: relax mental y físico, buen humor, euforia o subidón. Pero no es tan sencillo. Ese “relax” se convierte en descoordinación mano-ojo, enlentencimiento de las funciones cognitivas (se pierde percepción, capacidad de razonar y de recordar cosas). En ocasiones provoca estados de ansiedad, confusión o pequeños delirios, y acelera el ritmo cardíaco entre “un poco” y “una barbaridad”. Cabe recalcar, por tanto, que es especialmente nefasta si se va a conducir, utilizar maquinaria, realizar trámites y papeleos o si se es estudiante.

Está arraigada la creencia equivocada de que no hace daño. La marihuana no provoca enfermedades o reacciones orgánicas violentas; no provoca nada tangible y palpable, nada que sea evidente y rápido y que cause rechazo o miedo inmediato. Los efectos negativos citados arriba suelen desaparecer en unas horas, pero el consumo repetitivo de marihuana puede hacer que se cronifiquen, generando trastornos duraderos de ansiedad, depresión, astenia, desmotivación, alteración de los sentidos y síndrome de abstinencia. Y se sabe que provoca daño neuronal desde la primera calada.

También se suele decir, de hecho, que tiene efectos beneficiosos. Como reducir el dolor crónico o aliviar el insomnio. Hay quien defiende que tiene efectos favorables en procesos cancerígenos y en diversas enfermedades neurológicas. Sobre esto aún se está investigando. Pero aunque el CBD (una de las sustancias clave de la marihuana) o el THC (la otra sustancia clave, esta psicotrópica) o la combinación de ambos puedan tener usos terapéuticos, esto dista mucho de “liarse un porro”.

La marihuana también tiene su público como catalizador en “experiencias místicas” light. No destaca como alucinógeno y la “experiencia” que se pueda tener dependerá únicamente de la psique del sujeto. Esta sustancia no es un enteógeno y su poder en este terreno no va más allá de los efectos ya mencionados. No obstante cabe la posibilidad de que ponga en marcha una esquizofrenia u otros trastornos mentales de tipo psicótico.

Una cosa buena sí que tiene: no es demasiado adictiva en comparación con otras drogas y el éxito en dejarla alcanza tasas similares a las del alcoholismo. Vale la pena tomárselo en serio, buscar ayuda y motivación y decirle adiós a la marihuana.

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